
En el camino del autoconocimiento, el Monitor de Vida, propone una cartografía simbólica que distingue entre Áreas Personales y Dimensiones Personales. Esta distinción no es meramente técnica: es una invitación a mirar la vida desde dos lentes complementarios.
Las Áreas son los territorios donde se despliega nuestra cotidianidad: el cuerpo, las relaciones con migo mismo, esto es: el trabajo, el aprendizaje, el intelecto, la espiritualidad. Son espacios donde tomamos decisiones, enfrentamos desafíos y cultivamos hábitos. Al observarlas, podemos identificar qué aspectos de nuestra vida están activos, cuáles están descuidados y cómo se relacionan entre sí.
Las Dimensiones, en cambio, son cualidades que atraviesan todas las áreas. No se viven en un solo lugar, sino que se manifiestan en cómo habitamos cada espacio donde el OTRO está incluido. Por ejemplo, la autonomía puede expresarse en el trabajo, en la salud o en las relaciones. La sensibilidad puede aparecer en el aprendizaje o en la espiritualidad. Estas dimensiones revelan el tono social, ético y simbólico de nuestras relecciones sociales.
Reflexionar sobre ambas nos permite ver no solo qué hacemos, sino cómo y para qué lo hacemos. Simplemente responde estas preguntas:
- ¿Estoy siendo creativo en mi forma de aprender?
- ¿Estoy cultivando mis propósitos en mi trabajo?
- ¿Estoy siendo sensible en mis relaciones?
Estas preguntas abren la puerta a una vida más consciente, coherente y significativa.
El Monitor no busca respuestas definitivas, sino mapas dinámicos que nos ayuden a navegar. Al integrar áreas y dimensiones, transformamos la autoevaluación. Se trata de entender y saber de nosotros mismos; Es una clase de gerenciamiento personal de autoconocimiento, por tanto, facilita cada decisión cotidiana. Este hábito personal se convierte en una oportunidad de transformación interior.